En mayo de 2026, Matthew Prince, CEO de Cloudflare, anunció el despido de aproximadamente el 20% (1.100 empleados) de su fuerza laboral mientras la compañía continúa creciendo a tasas cercanas al 30%. La razón, una reestructuración estratégica por el auge de la inteligencia artificial. Sin embargo, más allá de los titulares, lo que llamó mi atención fue la explicación detrás de la decisión.
Prince retomó una interpretación de las ideas de Peter Drucker para describir tres grandes funciones dentro de cualquier organización:
-
Los Builders, quienes construyen productos y soluciones.
-
Los Sellers, quienes generan demanda y desarrollan negocios.
-
Los Measurers, quienes controlan, supervisan y miden el desempeño.
Su tesis es clara: la Inteligencia Artificial está comenzando a reemplazar muchas de las tareas realizadas por los Measurers de forma más rápida, económica y escalable.
Y, en gran medida, estoy de acuerdo.
La IA ya es capaz de generar reportes, consolidar información, monitorear indicadores, identificar anomalías, automatizar flujos de trabajo y apoyar procesos de control que hace pocos años requerían equipos completos de personas.
Sin embargo, mientras leía esta reflexión, no podía dejar de pensar en una pregunta que rara vez aparece en estas discusiones:
¿Quién logrará integrar a todas las áreas necesarias de una organización para diseñar soluciones personalizadas a los problemas complejos de los clientes?
Cuando hablamos de soluciones personalizadas, no nos referimos a productos tecnológicos estándar que se venden de la misma forma a cientos o miles de clientes. Hablamos de organizaciones que crean soluciones a la medida para cada cliente B2B o B2G, combinando capacidades técnicas, conocimiento del negocio, integración de tecnologías, procesos y servicios especializados para responder a necesidades muy específicas.
Porque la realidad de los negocios B2B y B2G es mucho más compleja que una simple división entre quienes construyen, venden o miden.
Las oportunidades estratégicas no nacen de un único experto.
Detrás de una propuesta para un cliente B2B o B2G suelen participar especialistas en múltiples disciplinas.
Por un lado, expertos en capacidades tecnológicas como IoT, Cloud Computing, Inteligencia Artificial, GIS, Big Data, Analítica, Ciberseguridad, Automatización, Interoperabilidad, Arquitectura Empresarial y Plataformas Digitales.
Por otro, especialistas en negocio, finanzas, riesgos, operaciones, aspectos jurídicos y expertos funcionales de cada dominio como por ejemplo seguridad, salud, medio ambiente, energía, movilidad, comercio, educación, entre muchos otros.
Cada uno domina una parte del desafío. Pero ninguno posee por sí solo la visión completa.
Y aquí aparece un rol organizacional que considero cada vez más valiosa en la era de la IA: el Arquitecto de Valor.
Aunque el término no es tan popular como otros conceptos de gestión, sí tiene raíces en varias corrientes de pensamiento ampliamente estudiadas. Peter Drucker hablaba del trabajador del conocimiento. Roger Martin desarrolló la idea del pensamiento integrador (integrative thinking). David Epstein popularizó el valor de los perfiles amplios en Range. Y disciplinas como la arquitectura empresarial, el diseño de servicios y el pensamiento sistémico llevan décadas demostrando que los problemas complejos requieren personas capaces de conectar perspectivas distintas.
Las organizaciones modernas no solo necesitan especialistas. También necesitan profesionales capaces de integrar y conectar especialistas.
No me refiero al estereotipo del profesional que sabe un poco de todo y mucho de nada. Me refiero a alguien que comprende múltiples disciplinas lo suficiente para conectarlas, traducirlas y alinearlas alrededor de un objetivo común.
Profesionales que puedan liderar conversaciones complejas, formular las preguntas correctas, identificar dependencias, gestionar decisiones, equilibrar restricciones técnicas, operativas y financieras, y transformar múltiples perspectivas en una solución coherente.
En otras palabras, necesitan generalistas integradores o, mejor aún, Arquitectos de valor: profesionales capaces de conectar conocimientos, personas y capacidades para transformar complejidad en resultados.
Durante años hemos tendido a valorar la especialización como el camino natural hacia el crecimiento profesional. Y sin duda seguirá siendo fundamental.
Pero mientras la IA democratiza cada vez más el acceso al conocimiento especializado, comienza a surgir una nueva escasez: personas capaces de conectar disciplinas distintas para crear valor.
Porque entender de inteligencia artificial es valioso.
Entender de ciberseguridad, nube o analítica también.
Entender de finanzas, operaciones, regulación o arquitectura tecnológica igualmente.
Pero lograr que todas esas perspectivas trabajen juntas hacia un objetivo común es una capacidad completamente diferente.
Y mucho más difícil de automatizar.
Paradójicamente, cuanto más avanzan las herramientas de IA, más valor adquieren los profesionales capaces de moverse entre dominios distintos. Los especialistas profundizan. Los arquitectos de valor conectan.
Y las organizaciones necesitan ambas capacidades.
En mi experiencia profesional, esta función suele materializarse dentro de las células de estructuración de soluciones que apoyan los procesos de ventas consultivas lideradas por el equipo Preventa, profesionales Generalistas que tienen el rol de Arquitecto de Valor.
El cual es capaz de entender el lenguaje del cliente, del área comercial, de los arquitectos, de los expertos tecnológicos, de los financieros y de los equipos operativos al mismo tiempo.
Quien puede traducir necesidades en soluciones.
Complejidad en claridad.
Capacidades dispersas en propuestas de valor.
Ese rol suele recaer precisamente en un arquitecto de valor. Alguien que entiende suficiente de cada disciplina para facilitar decisiones, construir consensos y mantener alineados a todos los actores involucrados.
A medida que la IA continúe transformando las organizaciones, sospecho que veremos una mayor demanda de este tipo de perfiles.
Porque los Builders seguirán construyendo.
Los Sellers seguirán generando oportunidades.
Y los Measurers seguirán evolucionando junto con la automatización.
Pero alguien deberá seguir logrando que todo funcione como un sistema.
Y quizás esa sea una de las capacidades más estratégicas de la próxima década.
¿Qué opinas?
¿Crees que el valor profesional del futuro estará más asociado al conocimiento especializado o a la capacidad de actuar como arquitecto de valor, integrando disciplinas y liderando conversaciones complejas?



